Huellas en la memoria

Ortega y Gasset, probablemente el filósofo español más importante del siglo XX,  adoptó como lema de su ética el verso de Píndaro “Llega a ser el que eres”. Este lema contiene un imperativo de autenticidad, de ser fieles a nosotros mismos, de hacer de nuestra vida una biografía que, en la mayor medida posible, sea elección nuestra y no conformación externa, un ejercicio de realización de nuestra vocación personal antes que otra cosa. Pretender suplantar nuestra vocación por un sucedáneo constituye una enorme equivocación. Por lo tanto, en todo lo que realizamos dejamos nuestra huella. Y no me refiero a alguna marca física en determinado elemento del mobiliario, ni tan siquiera a esa foto que colgará de la pared de algún pasillo del centro. Hay muchos tipos de huellas: huellas duras, profundas, difíciles de borrar; huellas dulces, suaves, sensibles; huellas fuertes, seguras. Existen otros tipos de huella en los que nadie se fija cuando se hacen, pero que se van haciendo cada vez más visibles, cada vez más fiables; huellas firmes y comprometidas. No deja huella quien quiere, sino quien puede…. Todas las huellas quedan en el tiempo, todas quedan en el recuerdo. Ojalá estos años os hayan dejado huella a todos, mis alumnos, como lo han hecho en mí las gratas horas de clase, las lecciones impartidas, las horas de tutoría, los diálogos de pasillo…, como habéis dejado vosotros, como seguís dejando cada día. Gracias por dejar huella en el sitio más difícil: la memoria.

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