Rigor mortis por la química

La vida es agradable. La muerte es pacífica. Lo problemático es la transición” Isaac Asimov, bioquímico y escritor norteamericano, plasmó de manera certera el complejo proceso que ocurre entre un estado y otro. Morirse está inmerso nuestra condición de ser vivo, pero cuando comienza ese hecho no todas las células por las que estamos constituidos mueren simultáneamente. Las células de un organismo no viven de manera indefinida, y su vida media depende del tipo celular. Hay células cuyo período de vida es largo, como las musculares o las neuronas, mientras que la vida de otras es efímera, como algunas células sanguíneas y epiteliales, que se renuevan a partir de sus células progenitoras.

No obstante, una vez muertos, no todos los seres vivos nos comportamos igual. Los mamíferos, y las personas como una especie más del reino animal, experimentamos a las pocas horas de la muerte un hecho muy peculiar que recibe el nombre de rigor mortis. Las células que forman dichos organismos, al verse privadas de oxígeno, empiezan a realizar respiración anaeróbica lo cual genera ácido láctico. Al acumularse este ácido favorece que las proteínas musculares, la actina y la miosina, se fusionen formando un gel responsable de la rigidez de los cadáveres (el famoso rigor mortis que oímos en las películas, ocasionado por un cambio químico en los músculos). Dependiendo de la temperatura ambiente, la humedad y otras condiciones ambientales, el rigor mortis puede durar hasta tres días, llegando moscas y escarabajos para depositar sus huevos (¿recuerdas la afición de Grissom a la entomología en la serie televisiva CSI?). El nitrógeno de nuestro cuerpo, que forma nuestras proteínas y ácidos nucleicos queda disponible para que continúe el ciclo del nitrógeno gracias a la acción de las bacterias.

Pero para entender la razón por la cual le sucede esto a nuestros cuerpos, primero tenemos que entender parte del funcionamiento de nuestro organismo. El músculo esquelético está compuesto de fibras musculares. Estas fibras contienen principalmente actina y miosina, las cuales están entrelazadas en una serie de bandas de distinta composición. Cuando se quiere contraer un músculo, el sistema nervioso central envía un impulso al músculo en cuestión para que libere acetilcolina (neurotransmisor alojado en el cerebro) que, tras una serie de procesos bioquímicos, concluye en una liberación de iones de calcio. Esto a su vez ocasiona unos cambios en la conformación de los tipos de fibras musculares que finalmente terminan provocando que el músculo se contraiga.

Pero ¿qué tiene que ver esto con la muerte y el rigor mortis? Pues cuando nos morimos, el corazón se para, dejando de bombear sangre al resto del organismo. Por lo tanto, la circulación sanguínea se para, y consecuentemente termina el intercambio de gases y la captación de oxígeno, una molécula esencial para la formación del ATP (“moneda de cambio” energético en nuestro organismo). Pero son muchos los procesos que no se paran con la muerte. La contracción de los músculos continúa con la liberación de iones de calcio, que provocan el acoplamiento de la miosina y la actina, pero las moléculas de ATP ya no se pueden generar por la falta de oxígeno, provocando que no exista la relajación posterior. La liberación de calcio continúa, y termina en lo que se conoce como rigor mortis.

Dependiendo de los factores ambientales, así como de lo que estuviera haciendo el individuo en el momento de su muerte, el rigor mortis puede aparecer justo en el momento de la muerte, o no llegar a aparecer nunca. Si alguien muere haciendo un gran esfuerzo físico a una temperatura cálida, justo después de la muerte puede aparecer lo que se denomina espasmo cadavérico, una situación que también mantiene la rigidez de articulaciones y músculos antes de que el rigor mortis aparezca. En el otro extremo, si alguien muere a temperaturas extremadamente bajas, la congelación retrasar el rigor mortis e incluso puede evitar si aparición final.

La ciencia forense conoce perfectamente que el proceso de descomposición de un organismo no es el mismo en el agua que en la tierra, y ello gracias a conceptos procedentes de la química y la microbiología. Al cabo de una semana o más, los cambios químicos en un cuerpo hacen que el abdomen se llene de gas y el cuerpo ascienda. Así se recuperan a muchos ahogados. Para determinar el lugar exacto de fallecimiento se atienden a la salinidad o a identificar seres microscópicos que viven en el agua, y que se pueden encontrar en los órganos internos. Su existencia indica que la víctima estaba viva al introducirse en el agua y proporciona indicios de dónde ocurrió el fallecimiento. Además, la determinación de la hora de la muerte de una víctima es una información muy necesaria en el esclarecimiento de una muerte. El método forense más seguro es tomar la temperatura interna que baja aproximadamente un grado por hora durante las doce primeras horas. En las siguientes doce horas este ritmo se reduce a la mitad. Por supuesto las condiciones ambientales pueden variar esta estimación… ¡esto es un proceso termoquímico!.

Otro indicio es el rigor mortis, mencionado anteriormente, que aparece cuando la química del cuerpo humano pasa a un medio ácido en vez de uno alcalino o básico. Los músculos, inicialmente relajados tras la muerte, se ponen rígidos. El proceso comienza en los párpados y baja paulatinamente hasta llegar a las piernas. Otro indicador del momento del óbito, menos conocido popularmente, es el livor mortis o contusiones de la muerte: los glóbulos rojos acaban decantándose por gravedad hacia la zona corporal en contacto con el suelo. Al romperse los glóbulos rojos, y si el cadáver no ha sido movido, adquiere en la zona de decantación un fuerte color. Por ejemplo, en un envenenamiento por monóxido de carbono ese color es rojo y en el caso del cianuro es rosado… ¡esto es un proceso bioquímico!. Además, se ha descubierto que los glóbulos rojos al desagregarse en el livor mortis desprenden potasio a un ritmo lento y constante en el humor vítreo del ojo. La concentración del potasio indica de una forma fiel la hora de la muerte.

Publicado en Diario de Avisos – Principia 19 de diciembre de 2013

http://ciencia.diariodeavisos.com/2013/12/20/rigor-mortis-por-la-quimica/

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